Néstor Mas

Lunes, 13 de febrero de 2006

EL QUE APAGA LA LUZ

A veces, es como mirar a través del cristal del horno el bollo que acabamos de preparar y ver que se está saliendo del molde aceleradamente, sin que podamos hacer nada salvo, quemarnos en cualquier intento. Con esa cara de tonto que se le queda a uno. Otras, es como abrir una ventana al aire fresco de la montaña e intentar que éste trascienda más allá del papel. Otras es colarse por el ojo de la cerradura de cientos de estancias y observar atento. La tarea del narrador, casi siempre, se asimila mucho a aquélla del empresario circense que contrata enanos, a sabiendas siempre de que crecerán. En otras ocasiones es un viaje hacia el interior, con el vértigo de la hoja en blanco como único equipaje. Pero de todas las imágenes me quedo con una, que me parece especialmente entrañable. Aquélla de W. Somerset Maughan que decía:


“… y cada noche yo les contaba a mis nietas historias que no acababan nunca porque ellas no me permitían ponerles el `vivieron felices´ y me pedían que las prolongase con nuevos personajes hasta que se rendían al sueño. Entonces yo las arropaba y me iba hasta la puerta, desde donde las miraba una vez más. Sentía allí que un narrador, en el fondo, no es más que eso: el que apaga la luz. Y apagaba la luz y salía.”

Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

A veces una no quiere apagar la luz. Le cuesta trabajo hacerlo.

ana a. | 13-02-2006 20:10:15

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