Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Jueves, 02 de marzo de 2006
Leo en “Resurrección” de Manuel Vilas:
"Un día cogí el 42. Nunca había cogido el 42. Todo depende de cómo decidas sentarte; y me senté en sentido contrario a la marcha. Zaragoza se disloca sentado así, pierdes la orientación. […]"
Yo también pasé muchas horas en el cuarenta y dos, durante el tiempo que viví en Z. Una tarde sentado en uno de sus asientos, leía “El color púrpura” de Alice Walker (Pulitzer del 82). Era una de esas ediciones baratas de las colecciones por entregas de cualquier editorial. No me senté -no en aquella ocasión- en sentido contrario al de la marcha, lo que estaba en sentido contrario eran las tapas del libro: un defecto de encuadernación hacía que, si abrías el libro y te ponías a leerlo en sentido normal, cualquier persona que tuvieses enfrente leyera el título, y todo lo que estaba escrito sobre las tapas, boca abajo. ¿Qué hacer? Pues nada, seguir leyendo. No sin troncharte con la reacción de la gente que se quedaba mirando. Cierto, todo depende del sentido que elijamos, para ellos, era yo el chiflado que leía un libro boca abajo.
En otra ocasión sí me senté mal, en otra línea. Era la primera vez que cogía un autobús en Zaragoza y queriendo ir a Las Fuentes, acabé en Valdefierro.
Vilas dice también:
"[…] Y el 42 pasa por la Rambla de Cataluña,
Y por Oxford Street, y por la Puerta del Sol, y por la rue Mouffetard, […]”
Por: Néstor Mas | LEO, LEES, LEE... | Comentarios (1) | Referencias (0)
Y por el hospital. Cada vez que lo tomo, o lo veo, se me encoge todavía el estómago. U otra cosa. Hace años, el 42 me llevaba a entrenamientos, exhibiciones y campeonatos de gimnasia. También entonces me producía cierta ansiedad. Prefiero el 33, que me lleva a Independencia, o el 1, que me deja en la Gran Vía. La de Madrid.
ana a. | 03-03-2006 18:13:15