Néstor Mas

Viernes, 10 de marzo de 2006

CARIES

Noche de cena napolitana que acabamos con copa en un local, no sé si de moda, pero sí muy concurrido, del centro. Un local bastante grande y con varios ambientes. Nos sentamos alrededor de un velador que queda en zona de paso, justo al lado de la escalera que desciende hacia la planta de los aseos. Estratégico lugar. Enseguida llama la atención de todos nosotros el trasiego de rostros anónimos -y no tan anónimos- que bajan y suben. Suben y bajan.
Cualquiera podría decir, después de observar durante quince minutos el panorama, que en la planta de abajo hay alguien repartiendo golosinas, y que aquélla, no es más que una panda de golosos. Más, a juzgar por los semblantes que traen los rostros que regresan, las golosinas deben de ser milagrosas. Incluso, en media hora, podría hacerse una estadística detallada –ordenada por sexos y color de pelo- de: los golosillos curiosos, los golosos sin más, los golosos glotones y aquéllos que ya han perdido todas las muelas.

…Eso me decían a mí, de chico, que ocurría, cuando se comían muchas golosinas.

Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Yo también recuerdo que de pequeña me decían, si un desconocido en el colegio, o no, te da un caramelo o golosina, no lo cojas puede llevar algo malo. Ahora directamente hay gente repartiendo algo malo, no necesitan disfrazarlo de dulce. Y lo malo es que lo cogen.

Carmen | 14-03-2006 12:25:44

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009