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Domingo, 26 de marzo de 2006
Dos películas interesantes estos días, una nueva y otra vista por segunda vez.
La nueva, traducido el título al castellano como “Colisión”, sitúa la acción en una extensa ciudad donde la gente no se toca. Habla de la añoranza del perdido contacto humano y los estragos que ésta ocasiona en las vidas de seres anónimos, que no tendrían por qué encontrarse.
La otra, dibuja amores como peleas de perros. En otra gran ciudad, donde la gente todavía conserva el contacto físico con sus semejantes, si bien teñído de demasiada pasión.
Ambas con un guión similar, donde el cruce de las vidas de los personajes parece ser tan casual que las convierte en reales. Ambas, parejas también en sordidez y desconsuelo.
La vida de la gente, en una gran ciudad, se parece al mar. Dónde cada vida, cada burbujita de aire en el agua, dibuja “libremente” su propia trayectoria. No es fácil, a priori, que dos burbujas se encuentren. Sin embargo, cuando lo hacen, no parece demasiado sorprendente. Lo que suele dejarnos anonadados muchas veces, es que dos personas que se conocen, pisen un mismo adoquín, se sienten en una misma silla o compren el periódico en el mismo kiosco con apenas segundos de diferencia en el tiempo, no coincidan, y no sepan tampoco que ha sido así.
Leo en el epílogo de la segunda película que somos también lo que perdemos. Y tengo la sensación de que somos, sobre todo, lo que perdemos.
(Esta misma noche, hemos perdido una hora).
Por: Néstor Mas | EL PROSCENIO | Comentarios (2) | Referencias (0)
Lo que en una gran ciudad me ha sorprendido, coincidir con gente de otro contexto, en una pequeña ciudad puede convertirse en algo que puede llegar a ser desagradable.
Puede que alguien un día te diga que ayer estuviste en tal sitio a tal hora y compraste "X" revista. Por que aunque hayas pasado unos segundos antes por ese adoquín, hayas comprado el periodico u otra cosa en el mismo kiosco, el dependiente le dirá que acabas de estar allí y te has llevado el último número de tal.
Puede que un lunes alguien te diga, así que estuviste en tal bar, con tal persona, hasta tal hora, incluso, - ¿Así que ahora tomas Coronita?. Y ese alguien no estaba allí.
Y es que, a veces, estando en un bar puedes sentir que nombras algun acontecimiento de la semana, naturalmente nombras a los personajes, y tienes una sensación de que alguién, ahí al lado, en otro grupo, en otra conversación, sabe de quién hablas. Lo malo es que si no se entera bien puede ser como el juego infantil "el teléfono roto" y acabar metiendote en un lío.
Estaría bien encontrar un equilibrio entre ser "la de Machín", "la hermana de tal", "la amiga de tal", "la de los jueves a útima hora", "la de plástica" y no ser "nadie".
carmen. E | 28-03-2006 14:01:12
Néstor Mas | 28-03-2006 16:21:07