Néstor Mas

Domingo, 09 de abril de 2006

COMENZAR II

Atrás quedaban los amaneceres cálidos bajo las mismas sábanas. Los improvisados viajes de fin de semana. Los mensajes en clave. Las caricias. La complicidad sabida. Las llamadas a media mañana. Los ingrávidos minutos del después, con la cabeza reposada sobre su pecho. Su aroma. Su húmeda piel al salir de la ducha compartida. Sus brazos. Cerró la puerta del apartamento a sus espaldas y sin volverse a observar el umbral que tantas veces habían atravesado juntos, metió su maleta amarilla en el ascensor y después entró en él. Rutinariamente, pulsó el botón de la planta baja. Se miró en el espejo de la pared izquierda del pequeño cubículo. Se vio guapa. Tenía que darse prisa. Él llegaría en no muchos minutos. No quería sorpresas. No quería escenas. En la calle, levantó la mano con expresión apresurada. Cuando el taxi paró frente a ella, se metió rápidamente con la maleta en los asientos de atrás. “Al aeropuerto”. “Lo más rápido posible, por favor”. Tengo que irme, pensó, tengo que dejar esta ciudad…

Por: Néstor Mas | COMENZAR | Comentarios (0) | Referencias (0)

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