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Lunes, 24 de abril de 2006
Había pétalos frescos de rosa roja en suelo del ascensor, cuando lo tomó para salir a la mañana nublada de abril. En la calle que baja hacia la plaza de la floristería, esparcidos en un pequeño reguero, pétalos amarillos. Cerrada. Dos calles más arriba, antes de llegar a otra floristería, pétalos de rosa blanca sobre los adoquines grises. Cerrada. Y tres bocacalles a la derecha, cerrado también el pequeño puesto de flores de la esquina del mercado.
En su paseo, encontró grandes aglomeraciones de personas en torno a los puestos callejeros de libros instalados para aquel veintitrés de abril y grandes e incomprensibles colas en las cajas de las principales librerías, abiertas aquel domingo. Ninguna floristería abierta.
Sólo quería una rosa, nada más. Recordar el agradable regalo que, en tiempos, algunas de sus amistades se intercambiaban. No pudo ser.
Pero qué significaban todos aquellos pétalos que había ido encontrando por las calles. ¿Casualidad o algo más?. Y: ¿de dónde habían salido si aquel día ninguna floristería estaba abierta?
Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (1) | Referencias (0)
ana a. | 26-04-2006 21:01:43