Néstor Mas

Sábado, 22 de julio de 2006

DINOSAURIO III

La llamada no hizo sino confirmar lo que ya esperaba: la edición que buscaba estaba agotada en la editorial. Tenía entonces que levantar todas las piedras que encontrase en su camino. Estaba seguro de que debajo de alguna encontraría lo que buscaba: la red, librerías de viejo, las casetas del parque…

Volvió a la lectura de “La vaca”, subrayando nuevos fragmentos con su pequeño portaminas:


“En algún día de algún año del siglo IV de nuestra era, en su casa de la ciudad de Burdigala, la actual Burdeos, el gran poeta latino Décimo Magno Ausonio escribió lo que en aquel tiempo se llamaba un epigrama y hoy me atrevería a llamar un cuento:


[SOBRE UNO QUE ENCONTRÓ UN TESORO CUANDO QUERÍA COLGARSE DE UNA SOGA

Un hombre, en el momento de colgarse de una soga, encontró oro y en el lugar del tesoro dejó la soga; pero quien lo había escondido, al no encontrar el oro, se ató al cuello la soga que sí encontró] (Trad. de Antonio Alvar Ezquerra.)


Puedo ver, de pie, al retórico Ausonio, poeta inmortal de la caducidad de las rosas y de la vida, pidiendo a sus jóvenes y aristocráticos discípulos que ese día desarrollaran una composición, en prosa o en verso, con aquel argumento lleno de posibilidades para imaginar y describir largamente el origen, la condición y el carácter de aquellos dos extravagantes personajes que en tan escasos minutos cambian radicalmente sus destinos como consecuencia de un simple azar.

Hoy algunos, y yo entre ellos, preferirían quedarse con el escueto enunciado, y dejar que sea el lector quien ejercite su fantasía creando por su cuenta los posibles antecedentes y consecuencias de aquel hecho fortuito. En honor de la brevedad, es cierto; pero también de muchas otras cosas.”

Por: Néstor Mas | LEO, LEES, LEE... | Comentarios (0) | Referencias (0)

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