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Miércoles, 14 de marzo de 2007
Bastaría con abrir una nueva carpeta en el escritorio. Tecla derecha del ratón, dos toques más, un título escrito en la etiquetita, “click”, y ya. Allí guardaría todos esos documentos sueltos y desperdigados por toda la pantalla, que no le hacían ningún bien a la fotografía del fondo de escritorio. Tan cuidadosamente la había buscado, escogido y colgado que no le apetecía verla una y otra vez, cada vez que arrancaba el ordenador, llena de iconitos extraños. Parecía la tapa llena de pegatinas de una carpeta de colegial, y aquella época de deberes al salir de clase, para él, quedaba ya muy lejos. Su memoria era eso: una deliciosa fotografía de un jardín oriental en primavera. Sobre ella, debía recopilar por nombre, ordenar por temas y guardar en carpetas todos los recuerdos, documentos sueltos y desperdigados sobre la imagen de un esplendoroso jardín. Llegado el caso, podría también crear subcarpetas. La primera de las tareas no le resultó demasiado difícil, bastó con puntear el abecedario. La elección de los temas le ocupó más tiempo del que hubiese imaginado. Lo más complicado fue crear carpetas, carpetas capaces de contener aquella amalgama de reminiscencias. Sin embargo, no fue capaz de acabar su cometido: ¿dónde estaba el ratón?
Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (3) | Referencias (0)
Muchas carpetas abrimos a lo largo de nuestra vida. Incluso a lo ancho. Las abrimos, las cerramos. Las recolocamos. El problema es que raramente perdemos el ratón. A lo mejor, sería bueno perderlo más a menudo. ¿O no?
ana a. | 16-03-2007 12:52:00
Pues fíjate, Ana, que a mí me cuesta mucho encontrarlo. ¿Qué herramienta mental hace el papel de éste? ¿ qué hacer con las carpetas vacías? ¿Y con las oscuras?
Néstor Mas | 16-03-2007 13:19:06
El mundo del orden. Por fácil que parezca abrir carpetas, que lo es, yo no sé salir del caos, siempre acabo repitiendo nombres de carpetas y de archivos. Yo en mi eterno “no se si…”, con lo fácil que es tener una copia de un archivo con una ligera variación, ¡pues venga!, cartel 1, cartel 2, cartel definitivo, cartel definitivo 2, el más definitivo, por nombrar algo entre otras muchas cosas.
Ahora llevo un rato borrando archivos de un disco duro de 4 gigas, (pensé que nunca lo llenaría), lo uso para llevar información a clase, presentaciones Power Point, imágenes con ejemplos, etc. Claro todo está duplicado, en casa y en el “chisme”, por si lo uso ese día. Como hago con la mochila que siempre la llevo cargada, muchas de las cosas que llevo no las uso nunca, podría bastar con llevar el “chisme” en el bolsillo, pero no. Siempre con la mochila a cuestas, el día que la dejo en casa, ese día, me falta un cable, el estuche, la carpeta azul. A veces pienso que podría llevar varias subcarpetas de plástico en vez de una con tantos separadores para coger sólo la que necesito. Pues me pasaría como con el disco duro, las llevaría todas, por que basta que no lleve la del departamento para que en una hora libre pudiera pasar el acta de la reunión. Y así es mi relación con el orden un intento, y nada más.
La eterna mochilera que en el pasillo se confunde entre los alumnos. El caso es que la llevo colgando de los dos tirantes y no de uno sólo como lo hacen los adolescentes. Al final compraré una con ruedas y un dibujo de Winnie de Poo a juego con mi estuche con un dibujo de Minie Mouse, que es muy práctico pero tiene ese detalle que siempre tengo que explicar. Lo compré, entre otros muchos objetos, para regalar a los niños como detalle de la boda de mi hermano. Fue una prueba, al final dimos otra cosa, y mira tu por donde, al abrirlo encuentras todo fácilmente. Que le vas a hacer, tengo que soportar la humillación, una profe de diseño con un estuche, “quisch”. (no sé como se escribe).
En fin que para colmo, luego tengo que ver qué documentos tengo en el disco duro externo de 250 Gigas que compré, por si con esto de Internet se me colaba un virus en el ordenador, y no quiero ni pensar lo que sería de mí si todas estas horas de preparación de unidades didácticas se convirtiera en una pantalla negra, o vete tu a saber que imagen de pesadilla. Así que no me queda más remedio que tener copia de todo.
Lo que me lleva a pensar que como se apruebe el canon para los aparatos que tienen memoria… y eso que aún no me ha dado por bajar música, ni pelis, de la red. Casi toda la información con la que trapicheo es mía, excepto los corta y pega para las unidades didácticas.
Por último, al hilo del blog, si relacionamos, o si tiene que ver esta forma de orden con las capetas que abrimos y cerramos a lo largo y ancho de nuestra vida… ¡Oh, cielos! como diría mi sobrino Pablo.
Julia Garrido | 20-03-2007 18:06:15