Néstor Mas

Viernes, 28 de septiembre de 2007

SANGRE III

Es la ciudad de los mosquitos. Parto en unos días. Tras la experiencia de veranos pasados, tengo ya comprado todo el arsenal de productos y dispositivos necesario para iniciar una nueva cruzada contra las diminutas bestias. El spray que los repele para la piel, el emisor de ultrasonidos que los ahuyenta y que suelo colgar de una anilla de mi bolsa de mano, la espiral que al quemarse llena la habitación de un pestilente humo blanco y los disuade de andar revoloteando alrededor de la lámpara, el aparatito eléctrico de pastillas azules reemplazables y de cuya eficacia dudo mucho -porque no huele, no hace ningún ruido y no se le enciende ninguna lucecita- pero que dejo conectado al enchufe de la pared de la habitación desde el primer momento. Lo tengo todo. Incluso si todo esto falla, y el único animalejo de esta especie que hay en kilómetros a la redonda, me encuentra, y acaba atacándome: un compuesto de amoniaco que se aplica sobre la piel con un artilugio parecido a un rotulador y una pomada. Que evitarán los abultamientos de la carne y que parezca tener dos rodillas, tres pómulos o deformaciones varias a lo lago de todo mi cuerpo. Nunca entendí mi excesiva vulnerabilidad ante estos puntitos negros con alas, ni que sus insignificantes dardos puedan producir estragos inenarrables en mi cuerpo. Por lo demás, el equipaje, ligero. Reducido apenas a media docena de camisetas y otros tantos pantalones cortos. Ni siquiera la cámara fotográfica, prefiero retener las instantáneas en mi cerebro. No merece la pena cargar con ella. La guía de la ciudad, sí, ajada y llena de anotaciones en sus páginas. Ropa interior y un pequeño neceser con elementos de aseo. Preparar un viaje es siempre una tarea fascinante que comienza por elegir una maleta grande, pequeña, una simple bolsa… con ruedas, sí, a ser posible siempre con ruedas, y finaliza en el asiento de un avión con la nariz pegada al cristal de la ventanilla y la mente ocupada en imaginar por qué ventana entrará el sol en el siguiente amanecer. Lo tengo todo, sí, hasta el dentífrico.

Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (0) | Referencias (0)

Comentarios

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009