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Miércoles, 03 de octubre de 2007

“A las tres es siempre demasiado pronto o demasiado tarde, para cualquier cosa que quieras hacer”. La frase de Sartre se leía al pie de un poster, la reproducción de una fotografía antigua, en la que aparecía un obrero de la construcción tumbado sobre un muro de piedra a medio acabar, con su boina sobre la cara y durmiendo cómodamente la siesta. Momento era el nombre de aquel recodo de la bulliciosa estación central donde cada día a esa hora acudía. Pedía un café. Buscaba una mesa libre. Se sentaba. Abría su libro. Y entre trago y trago del aromático expreso, leía. Había otro poster, también en sepia, una instantánea de la Loren caminando radiante por una calle estrecha, ante la mirada atónita de los viandantes. Parados a su paso. Estupefactos. Bajo los pies de la actriz otra frase, esta vez de Ronald Firbank: “Ci fu una pausa, lunga appena per un angelo per passare, in volo lento”. Una pausa diaria. Un cremoso café. Lectura. Demasiado pronto. O tarde. Aquella tarde la estrella, como si de repente se hubiese despegado del poster y fundido en la magia que desprendían las lineas de Baol, de Benni, le preguntó al oído: “Vieni?”
Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (0) | Referencias (0)