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Martes, 09 de octubre de 2007
Lo vio apenas un segundo a través de la ventanilla, cuando el tren embocaba en la estación. Él le clavo también sus ojos desde el andén. El tren paró, la gente abrió para salir todas las puertas del vagón salvo la última. No entrará, pensó, ha quedado demasiado lejos, a la altura del vagón de cola. Sonó el silbato que avisa del cierre de puertas y la reanudación de la marcha. Bien, ya nos movemos, se tranquilizó. En ese instante, justo antes de cerrarse las puertas, la tercera se abrió. De un salto, él entró en el tren, lentamente, se dirigió al único asiento libre que quedaba y se sentó. Sintió su agitada respiración a través del roce sus brazos.
Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (0) | Referencias (0)