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Lunes, 22 de octubre de 2007
No hacía mucho tiempo que había conseguido descargarse de la red, completo, el famoso cuadro de “El primer beso”. No el detalle que estaba acostumbrada a ver por cualquier parte, sino el cuadro completo. Primero lo colocó como fondo de pantalla de su ordenador, después y no con poco esfuerzo, consiguió transferirlo también a la pequeña pantallita de cristal líquido de su celular, desterrando así el horrible diseño en tonos verdes que incorporaba de serie el aparatito. Desde entonces, cada vez que abría su móvil emanaban la ternura y la gracia de aquellos dos inocentes personajillos. Incluso a veces, pasaba los ratos muertos de espera telefónica mirando aquella imagen, todavía más insignificante por el reducido tamaño de la pantalla. Aquel atardecer, mientras la contemplaba una vez más, volvieron a su mente desvelos de otra época.
Todavía se contaba en pesetas, y un día, mirando una de sus facturas por curiosidad, había descubierto que el precio de cada uno de los mensajes de texto era de veinticinco pesetas. Todo había empezado como un juego silogístico. Los mensajes largos, fueron disminuyendo de tamaño y aquellos cuyo texto era tan sólo “un beso” o “beso” acabaron transformándose a su vez. Él, había comprendido perfectamente el código y comenzó también a usarlo. Juntos habían descubierto una suerte de lenguaje cifrado que nadie más podía entender y a lo largo del día, eran muchos los mensajes que iban y venían con un mismo pretexto. Ella, vibraba de emoción cada vez que tras el característico zumbido de su teléfono aparecía un mensaje con el texto: “25 Pts.”.
El primer beso, Bouguereau.
Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (1) | Referencias (0)
Rosa | 22-10-2007 21:38:31