Néstor Mas

Sábado, 03 de noviembre de 2007

COLLAGE





Al otro lado del patio la vecina limpia los cristales de su ventana tarareando, posiblemente ajena a toda la polémica sobre la letra del himno nacional, el “Cara al sol”. En el estéreo, la sugerente voz de un tenor italiano aterciopela el aire con “Ingemisco”. Un helicóptero sobrevuela los tejados del centro de la ciudad, mientras miles de personas harán en ese mismo instante largas colas para ver, ansiosas, la ampliación de la posiblemente mejor pinacoteca del mundo. Desde una de las ventanas del quinto, un transistor radia el noticiario horario de una de las emisoras más escuchadas en el país. Por los pequeños altavoces situados a ambos lados del monitor del “pecé”, la voz de Giuni Russo regala la espiritualidad de Juan de la Cruz con “La sua figura” a la vez que el característico sonido electónico de campanas anuncia la llegada de un mensaje a la bandeja de entrada. Mientras Adela mira a través de su ventana un cielo sin estrellas, Fleta canta ahora magistralmente, casi un siglo antes, desde una ventanita del “Youtube” “Je crois entendre encore”. Vibra el celular y una voz al otro lado de la línea advierte que un foco “Martin Mac Performance” que debería estar en Bilbao, no está por ningún sitio. Vuelve a pasar el helicóptero y suenan ahora, lejanos, pitos y gritos de manifestación. La vecina amplía su repertorio con “Pena, penita, pena”. Vuelve el tenor italiano desde el estéreo, esta vez con “El arbol del olvido” de Ginastera, Alberto. Adela vuelve a retomar la lectura de su Marivaux. Giuni canta ahora su “Johnny guitar”, playing again Johnny Guitar… Vuelve a vibrar el celular, es sólo un mensaje de texto: “Esta mañana puse flores en la tumba de Miguel. Margaritas blancas. Un beso”.

Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Me gusta tu manera de desmenuzar los pequeños acontecimientos en tiempos, en progresión o solapados.

Julia Garrido | 03-11-2007 12:58:19

Fleta, Miguel, tiene una de las más hermosas voces del mundo, de la vida. En esta madrastra llamada Zaragoza, nadie cuida de su tumba; crecen hierbajos y de todo alrededor. Sólo, de vez en cuando, amantes de su voz dejan flores, rosas, claveles, o margaritas blancas.

a.a. | 03-11-2007 13:38:03

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