Néstor Mas

Martes, 13 de noviembre de 2007

PAPILLAS




fotografía: http://www.astromia.com/fotouniverso/cumuloglobular.htm


La yaya Lola canta. Canta desde la cocina la canción que su madre le cantaba a ella de niña. La que su abuela cantó a su madre. La que, ella misma, tantas veces le cantó también a mi madre. Sale con un plato de papilla que deja en la mesa, fuera del alcance de mis manos, y vuelve a la cocina. Regresa en silencio con otro plato más, lleno a rebosar. El ritual de todos los días. La observo desde la vieja trona de madera pintada con infinitas manos de pintura que también usó mi primer hermano, y el segundo, y que usa ahora mi último sobrino. No sé hablar, pero sé lo que en su quehacer rutinario significa ese segundo plato de papilla. Me pone el primer babero y comienzan las cucharadas de una pasta espesa que huele, como siempre, a maíz y a leche. La primera por el papa, la segunda por la tata, la tercera en avión… Y así, el desfile de toda la familia y media vecindad, en avión, en moto y cabalgando. Acabándose el contenido del plato y su paciencia conmigo cuando, también como siempre, con el eructo de después sale toda la papilla que he engullido y mancha la mesa, el suelo, el babero y sus nervios. Lo limpia todo en un pispás, me pone el segundo babero, respira hondo, y ya no queda vecindad para acompañar cada una de las cucharadas del nuevo plato, ni familia, ni aviones, ni motos, ni caballos. Huele a vómito y cada una de las cucharadas está más fría que la anterior. Lloro. Ya no canta la canción. A lo sumo, calla y me agarra con fuerza de la mandíbula inferior para que siga comiendo una pasta cada vez más espesa, cada vez más inmunda. Lloro sin parar. Como ahora, después de caerme dentro del ojo una cascarilla de pintura que se ha desprendido del techo. Por el sueño agazapado de aquella tarde de domingo. Por su sonrisa. Por los días que vendrán. Las hay de varios tamaños. Hay también circulitos, que pienso serán los planetas, un cometa y un par de lunas en cuarto menguante. Ésta por el vecino que lleva toda la tarde taladrando en la pared. Pego una a una, en el techo, las estrellas fosforencentes que voy despegando de una hoja en la que vienen ya recortadas. Esta grande por la lotera que ayer me vendió un décimo de lotería. El cometa para mi jefe, a ver si se monta en él y cabalgando en el vacío, desaparece cual basura cósmica. Ésta por la ilusión recién estrenada. Por una promesa. Por el rostro del niño que fui. Por la abuela, ésta otra…

Desde hoy, por las noches, la habitación tendrá un cielo cuajado de estrellas. Al apagar la luz aparecerán en todo su esplendor para desdibujar el gotéele del techo, que sólo me recuerda las salpicaduras de mis vomitonas sobre el mantel de la mesa en la que mi abuela, pacientemente, me daba la papilla.

Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Una estrella más por los buenos momentos que ofrece la lectura, o por el buen sabor de boca que deja una cucharada de lectura...

Rosa.. | 13-11-2007 22:36:37

Mira ke asociar las vomitonas a las estrellas! Ay, Néstor, cómo estamos! Cada vez ke duermo en la cama de Carlota veo las estrellas ke tiene adheridas en el techo. Es una pasada. Lo ke pasa es ke sin las lentillas las veo difuminadas, así como en estilo impresionista. Cada vez ke vuelva me acordaré de tus vomitonas... y no sé, no sé, esta asociación cuasi surrealista de ideas...

a.a. | 14-11-2007 21:45:12

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