Néstor Mas

Martes, 20 de noviembre de 2007

VEINTE

Llovía. Como la tarde anterior, como durante toda la noche, toda la mañana. Ahora, en las primeras horas de la nueva tarde, las calles continuaban siendo grandes ríos de agua. Pensó en los grandes túneles que la ciudad había inaugurado no demasiados meses antes: ¿Dónde va el agua de una ciudad cuando llueve? Supuso que descendería a los niveles inferiores del terreno, a las alcantarillas, a los túneles. Imaginó grandes atascos circulatorios en las entradas y salidas de los enormes conductos, y coches anegados en su interior. Se apresuró a coger el metro, tras introducirse en el vestíbulo de la estación y bajar posteriormente dos niveles más hasta llegar al andén. Ya en el tren, se sentó en uno de los asientos del vagón abarrotado. Mientras pensaba en el significado del ideograma chino que representa a la lluvia: “cortina de gotas de agua colgada del cielo” vio frente a su nariz, en uno de esos cartelitos adheridos a las paredes de los trenes que reproducen fragmentos de obras literarias invitando, así, a su lectura. Leyó el texto que estaba impreso en él y, tras buscar un bolígrafo en su bolsa, lo copió en su cuaderno de notas. No sin antes sentir en su cogote la mirada curiosa de varios viajeros:

“Despertar es renacer cada día. Y ya la luz nos aguarda. Ya está ahí comenzada, la historia que haya que proseguir. Despertar es entrar en un sueño ya en marcha, venir desde el desierto puro del olvido y entrar, lo primero, en nuestro propio cuerpo, recordarlo sin rencor, entrar a habitarlo y recuperar nuestra alma, con su memoria, y nuestra vida, con su quehacer. Entrar como en un capullo tejido como por innumerables gusanos afanosos; retomar nuestro hilo en el capullo fabricado incansablemente por el gusano-hombre, hacedor de sueños que se objetivan, fabricador de historias. (…)

María Zambrano (1904-1991)

Delirio y destino.



También leyó, en la primera página del diario que sostenía entre sus manos otro pasajero, que ese día se cumplían treinta y dos años de la muerte de un señor gris, muy gris.
A la salida, al borde de la boca de metro, un oriental vendía “palagua”. “Palagua, palagua. Palagua el señol”. Abrió su paraguas y continuó su camino.






Fotografía: http://images.google.es

Por: Néstor Mas | LEO, LEES, LEE... | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Te superas cada día, Néstor Mas.
Huele a lluvia recién caída sobre la tierra.

a. | 20-11-2007 21:43:34

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