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Sábado, 24 de noviembre de 2007
Eliminó de su bandeja de entrada los más de diez correos basura, que con recetas milagrosas prometían agrandamientos de pene y virilidad a base de unos comprimidos azules, que se habían acumulado allí durante la madrugada. Abrió después aquel cómodo libro de tapas con solapas: delgado, manejable, negro -en su mayoría- por la parte exterior, insondable por dentro. Tantas veces abierto, tantas manoseado, tantas soñado. Tres citas sobre la memoria, o el olvido, servían de introducción a aquella entrega editorial:
“…es una posesión, porque el olvido
es una de las formas de la memoria,
su vago sótano,
la otra cara secreta de la moneda.”
J. L. Borges.
“Más vale que no tengas que elegir
entre el olvido y la memoria”
J. Sabina.
Un día, todos los elefantes se reunirán para olvidar.
Todos, menos uno.
R. Courtoisie.
En la página quince marcado perennemente con una nota adhesiva, un poema:
¿COSECHA DE LA NADA?
Hay quienes imaginan el olvido
como un depósito desierto / una
cosecha de la nada y sin embargo
el olvido está lleno de memoria
hay rincones del odio por ejemplo
con un rostro treinta veces ardido
y treinta veces vuelto a renacer
como otro ave fénix del desahucio
hay arriates de asombro
con azahares sedientos de rocío /
hay precarias lucernas del amor
donde se asoman cielos que fueron apagados
por la huesuda o por la indiferencia
y sin embargo siguen esperando
aunque nada ni nadie los desangre en voz alta
ni el desamparo ni el dolor se borran
y las lealtades y traiciones giran
como satélites del sacrificio
en el olvido encallan buenas y malas sombras
huesos de compasión / sangre de ungüentos
resentimientos inmisericordes
ojos de exilio que besaron pechos
hay quienes imaginan el olvido
como un depósito desierto / una
cosecha de la nada y sin embargo
el olvido está lleno de memoria
Así, sin comas, sin puntos… ¿Para qué?
Sonaba un piano. Desde algún recóndito lugar de Italia sonaba un piano que llenaba la habitación de magia. Y mientras leía y releía aquel poema, por primera vez descubrió la firma del autor del mismo, en la primera página del libro. No recordaba cómo, ni dónde, ni cuándo aquel garabato había sido estampado allí ¿Habría venido así ya de la imprenta?

Por: Néstor Mas | LEO, LEES, LEE... | Comentarios (1) | Referencias (0)
a. | 24-11-2007 14:22:16