Néstor Mas

Jueves, 29 de noviembre de 2007

VERSO





Era un atardecer otoñal como otro cualquiera. La misma tonalidad de luz que el día anterior. El mismo cielo apagándose de nuevo sobre los tejados. La ciudad volviendo a casa, como el día anterior. Como la semana anterior. El recorrido por las casetas de libros del paseo habitual. La fuente. “Hoy el atardecer es uno de esos endecasílabos que ahogan la garganta”, recordaba haber leído tiempo atrás. El banco de granito gris, en el recodo del jardín, al lado de los tulipanes blancos. Así era, pensó, el cielo aquella tarde era uno de esos endecasílabos que ahogan la garganta. Se sentó en la fría piedra gris de todos los días, encendió un cigarrillo. Escuchó la conocida melodía del agua de la fuente, los pájaros, el rumor de la hojas amarillas que, empujadas por el viento, rodaban por el suelo. A sus pies, confundido en un primer momento con una de ellas, llegó un trocito de papel cuadriculado, pequeño, plegado en dos. Lo cogió, lo desdobló. Algo parecido a un poema podía, a duras penas, leerse en él. “Primer soneto” eran las dos palabras que encabezaban el manuscrito:

Nada importa la noche prematura
Que se apague mi llama sin la aurora
Que el delirio sin fin comience ahora
Si no puedo morir en tu cintura.

Nada la inmensidad, nada la hondura
De apasionada flecha, ya deudora
Del canto de tu voz arrulladora
Dafne árbol de sombra, Dafne pura.

Tus raíces malogran mi aleteo
Es en vano el cobijo de tu rama
…………………………

El grito dolorido que te aclama
Como pájaro mudo ahogo en gorjeo
De esta yerma garganta que aún te llama.






Finalizada la criba de tachones y descifrada la grafía, faltaba un verso. Intentó construirlo y colocarlo en su hueco. Pero desistió. Por muy bien construidas que estuviesen sus opciones, bien medidas y bien acentuadas, ninguna encajaba. Sonaban distintas, no formaban parte del todo. Completar el trabajo de aquel poeta anónimo era como intentar reparar el lienzo de un Goya con esparadrapo. Una suerte de sacrilegio que no estaba dispuesto a cometer.

Por: Néstor Mas | UNA VOZ | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

¿Y ese verso desaparecido?
Me gusta, me gusta. Dafne y Apolo. "A Dafne ya los brazos le crecían...".Besitos.

a. | 30-11-2007 21:01:47

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