Néstor Mas

Domingo, 02 de diciembre de 2007

TRES II

Ya dije que era difícil seleccionar:


EL ATADO

Escribir sin contar es como vivir sin vida. Las palabras serán inocentes, pero no su relación. El contador traza una columna del “debe” y otra del “haber” y en la última anota los silencios que supo conseguir. Con las caras de una palabra quisiera hacer piedras y mirarlas todas hasta el fin de mis días. Esas caras siempre tienen otras fugitivas de la boca. Morder la piedra, entonces, es la tarea del poeta, hasta que sangren las encías de la noche. En esa noche navegará sin rumbo fijo, desconfiado de todo, en especial de sí, mirando espejos que cantan como sirenas que no existen. El poeta se atará al palo mayor de su ignorancia para no caer en sí mismo, sino en otro país de aventura mayor, muerto de miedo y vivo de esperanza. Sólo el dolor lo unirá muertovivo al vacío lleno de rostros y verá que ninguno es el suyo. Y todos serán libres.


LA LLAVE DEL GAS

La mujer del poeta está
condenada a leer o a escuchar los
versos del poeta que humean
recién sacados del alma. Y más:
la mujer del poeta
está condenada al poeta, a ése
que nunca sabe dónde
está la llave del gas y finge
que pregunta para saber
cuando sólo le importa preguntar
lo que no tiene respuesta.


NOTA AL PIE DE “LA LLAVE DEL GAS”

La mujer del poeta se enojó
con el poema “La llave del gas”.
No ve por qué la metapalabra de la palabra,
o la ambigüedad de la palabra,
o las heridas que la palabra produce,
puede impedir a cualquiera
saber dónde está la llave del gas y
cómo se cierra y abre. Tiene razón.
El poeta está en error porque
la llave de la palabra, digamos, ni se cierra
ni se abre, y hasta pretende que ni existe,
y menos su metapalabra, ambigüedad heridora o vacío.
La realidad de la cocina tranquiliza,
hay llaves que se cierran, se abren, funcionan
cumpliendo la función de demostrar
que hay cosas que se cierran y se abren,
y suenan desde ayer en mi cabeza
que no puedo cerrar.


HECHOS

¡Qué hay detrás de la pared ahí afuera?
¿Llanuras, ríos, caballos?
¿Qué hay dentro mío detrás de mi pared?
¿Lo que sé y no quiero conocer?
¿Muertes tantas que perdieron
el cuerpo de la muerte? ¿El odio
que se pudre, noches
como agujeros con los labios sellados?
Quiero hablar del ciruelo en que la luz
se posa y canta un pájaro tardío.
Pero comienzan situaciones.
La coherencia del yo es de aire
y no goza en su contigüidad.
En eso se parece a sí mismo.
Bebe de vidas no cumplidas.

Juan Gelman, de “Valer la pena” (1996).


Pues eso, al final, son cuatro.

Por: Néstor Mas | UNA VOZ | Comentarios (0) | Referencias (0)

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