Néstor Mas

Domingo, 26 de octubre de 2008

VIAJE



 

 

Fatigado por haber intentado descifrar el disco de Festo. Por intentar adivinar, al menos, un signo de una tablilla micénica escrita en lineal B. Fascinado por el viaje de Odiseo. Angustiado, hastiado y complaciente en la fidelidad de Penélope. Curioso como Pandora ante lo prohibido. Fatal como Helena en su traición. Desalmado como Medea. Fascinado por Aquiles, Antígona y los aqueos. Encantado de pasear por las ruinas del palacio de Cnoso. Embarcado, en fin, en el viaje personal por el alba de Occidente al que el autor del libro que estás leyendo te ha invitado, llegas a la página doscientos y está en blanco. No sólo, hay en adelante varias lagunas más que presentan un texto inconexo e inacabado, imposible de seguir. Evidentemente, tienes que devolver el libro. Memoria atrás: hace tres días que compraste el libro. Bien, al menos, no es uno de esos libros que se quedan en la estantería durante meses, años, sin leer. El ticket de compra no andará muy lejos. Lo buscas. Caes en la cuenta de que esa misma tarde has decidido vaciar la papelera. No, seguro que la bolsa, por ser de las monas, no la has tirado. Más memoria: si, efectivamente, has tirado a la basura la bolsa que contenía la bolsa mona de la librería que contenía el ticket que contenía los datos probatorios de haber comprado el libro hace tres días en la susodicha librería. Porque en ese otro lugar donde reposan indultadas las bolsas monas no está la que buscas, porque como ya había muchas bolsas monas, no la guardaste. Y, (mientras piensas en que a esa hora la bolsa de basura que contenía la bolsa de la librería que contenía el ticket de compra estará, como mínimo, contenida a su vez en un camión camino de un vertedero) vuelves al libro. Vuelves al libro y lo encuentras lleno de subrayados y de anotaciones a pie de página. Te pones a pensar en lo que pasará mañana en la librería cuando vayas a devolver el libro y a la inminente pregunta del dependiente le intentes explicar cómo de calcinada estará ya la bolsa de basura que contenía la bolsa de aquella librería que contenía el ticket de compra del libro que llevas en la mano. O en el mejor de los casos no te ponga ningún problema pero debas responder: “gracias, pero antes de que se quede con el primer libro, tengo que hacer algo”. Y te acodes allí, en su mostrador, delante de sus narices a resubrayar página por página y pasar nota por nota. ¿Qué opinaría Homero de todo esto?

 

Lo peor: que sin saber por qué, el viaje en el que estabas emocionantemente sumergido se ha suspendido y, “por razones ajenas a nuestra voluntad”, has tenido que bajarte del barco que recorría el Egeo.

Por: Néstor Mas | LOS DÍAS, LAS HORAS | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Se precisa bajar de muchos barcos en la vida, a pesar de las páginas escritas.

ángela | 27-10-2008 21:42:46

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